Encuentros con artistas: Colectivo Elefante Rosa

El miércoles 14 a las 17h00 algunos integrantes del Proyecto Arte en Acción se reunieron con Vanesa Calzada, integrante del Colectivo perfopoético Elefante Rosa, que nos habló de su formación, su funcionamiento y sus objetivos, dándonos una idea general de su carácter.

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El Colectivo Elefante Rosa nació en 2004 en Granada de un interés especial por la poesía. En sus 10 años de recorrido ha mutado y se ha mudado, estando actualmente formado por Vanesa Calzada, Tarha  Erena, Alma Aguado y Cristina Rodríguez, repartidas entre Granada, Valladolid y Madrid. Tienen en sus espaldas 10 años de trabajo horizontal, autogestionado, colaborativo y empoderador, materializados en un fanzine, una radio, performances y numerosos talleres.

La primera característica que nos llama la atención es su carácter interdisciplinar, que se nutre de la arquitectura, la historia del arte, el trabajo social, la arteterapia, la danza, el flamenco, las artes marciales, los medios audiovisuales o la antropología. Esto le otorga al colectivo una identidad plural y abierta y determina su funcionamiento, en la medida que cada una de las integrantes acaba por responsabilizarse de una tarea diferente. Son, como dijo Vanesa, en sí mismas un collage, un pastiche que se manifiesta en sus creaciones.

Dada su variedad, parecería difícil el trabajo grupal, así como encontrar convergencias. Sin embargo, los puntos de encuentro han ido surgiendo se manera natural entre unas y otras. Evidentemente la poesía es un aglutinante y específicamente, un interés por lo social, la educación, el cuerpo y los medios audiovisuales. Comparten además un interés por las cuestiones de género, que no determina una postura feminista unitaria, pero sí perfila algunas de sus creaciones. Es más, acaso resulte una perspectiva más importante de lo que ellas mismas afirman, ya que desde su mismo nombre buscan una combinación de algo “femenino, fuerte y psicotrópico”; lo que fácilmente leemos como un modo de empoderamiento liberador.

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Su llegada a la performance se produjo como una deriva desde la poesía, que empezaron a llevar al espacio público y a cabarets poéticos en los que lo escénico tenía especial relevancia. Así pues, dicha llegada queda determinada por lo experimental y lo lúdico cercanos al más puro dadá. (No en vano realizan cadáveres exquisitos y se definen como “rompeatriles”.)

Sus referencias, como cabe esperar, también son múltiples: parten de la performance feminista de los ’70, representada por Ana Mendieta, Esther Ferrer, Pilar Albarracín o Regina José Galindo; beben también de la danza contemporánea personificada en la coreógrafa Pina Bausch y derivando en el Teatro de los sentidos o en el grupo de acción Flo 6×8; también Dora García les interesa, sobre todo por su uso del texto y su atención a las nuevas tecnologías; y finalmente el terrorismo poético de Hakim Bey.

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Sus acciones son abiertas y buscan generar situaciones para que el público se implique, se involucre y realice performance. Para ello, a menudo se apoyan en textos, música, vídeos u otro tipo de elementos, que generen experiencias hipersensoriales por las que el espectador-actor se vea envuelto y actúe; porque, para el Elefante Rosa, cualquiera puede hacer performance y esa es su riqueza.

Cada una de sus acciones es diseñada, puesta en común y “negociada”; pero a menudo es sólo una de ellas la que la realiza. Esto se debe a su carácter no tanto autobiográfico como personal, aunque fácilmente identificable por todos. Esto dota a sus acciones de una efimeridad aún mayor si cabe y les aporta un valor catártico que hace que difícilmente sean repetibles para ellas. Cada acción sirve a un propósito y momento personal de la performer. Cada acción responde a una necesidad: son pura emoción. Muchísimas gracias por compartir esa emoción con nosotros.

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